
Cuando yo nací, ella ya estaba allí, en casa; con ella descubrí los rincones más ocultos de nuestra Catedral, la belleza de los pasos en los templos, la hermosura del señor de la Cena el día del Corpus, la magia de la Virgen de los Reyes, el baile de los seises, el 0,95, el mercadillo de La Alfalfa, el microbús, y muchísimas otras cosas que hacen que ame tanto esta ciudad.
Ayer a los 90 años se le apagó la luz; descansa en paz, abuela.
Comentarios
P.D. Un abrazo para Piruleta también, que se asomará por aquí tarde o temprano.
Ese tipo de sevillanos como vuestra abuela nunca muere, la prueba está en vuestro amor declarado a Sevilla y sus cosas.
Un abrazo y siento haber llegado tarde.
PD: Y otro a ti Piruleta.
Por siempre.
¡!